Cuento
Lo vió entrar a aquel café donde ella pasaba sus tardes de vez en cuando. Llevaba un sobretodo y pidió un café doble. Solo. Tenía la barba crecida de algunos días, el pelo suave (ella podía sentirlo). Pensó que sería de la vida de aquel hombre, tal vez fuera médico. No, enfermero. Sí, enfermero. ¿O dentista?. Mejor dentista. Tendría novia, tal vez un hijo pequeño. Unos treinta y dos años.
El hombre se puso a hojear el diario que estaba en la barra. Ya estaba listo el café. Bebió un sorbo despacio. Lo saboreó. Lo disfrutó. Tenía muchas ganas de tomarse ese tiempo para él, enterarse de las noticias, desacelerar el pulso…
Seguro habría sido una mañana cargada de pacientes. Lo imaginó en su consultorio. La silla reclinable, el vasito de agua. Le tocaba a ella. Entró a la salita y se sentó. Sentía vergüenza: el hombre le atraía e iba a revisarle la boca en busca de una desagradable carie. No era el mejor lugar pero ahí estaba. ¿El destino? ¿el dentista? ¿el diente?. Sí, arriba, el de la derecha, atrás. Aja, veo… no te preocupes que es muy chica y te la arreglo rápido. La miró a los ojos y sonrió. Estaba todo bien. Él se levantó de su silla y salió de la sala. Tal vez le diría algo a su secretaria. Ella esperó. Imaginó que pasaría: ellos juntos, amor a primera vista, las casualidades de la vida… la charla en la que recordarían como se conocieron…
Él se levantó de la banqueta, buscó su maletín que había dejado sobre el piso, preguntó cuanto era, pagó y se fue por la misma puerta que entró, donde ella lo vió por primera vez. Ella miró el libro que estaba leyendo antes de que él llegara y dio vuelta la hoja.
Law
No hay comentarios.:
Publicar un comentario